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65.000 MILLONES DE BARRILES: ¿EL GRAN REMATE DEL SIGLO?
De qué se trata el nuevo acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela

Soberanía, ha pasado a ser una palabra vintage no solo para Venezuela, sino para el mundo (y su gente) cada vez más pragmática respecto al gentilicio y las fronteras, ya que estos aspectos parecen hoy más demarcados por el dinero que por el lugar donde uno nace o donde ha decido vivir.
El pasado viernes 28 de agosto, presenciamos en primera fila el espectáculo corporativo más grande y audaz de la historia energética: la administración de Donald Trump y el gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, firmaron un pacto de hidrocarburos, por una cifra mayor a 4 trillones de dólares, más del doble del PIB de Brasil y Argentina, las economías más grandes de la región.
No estamos ante un simple memorándum de entendimiento o un “contratico” de suministro temporal de petróleo de Venezuela a los Estados Unidos, ya que como país Venezuela está cediendo el 55% del control operativo de 65.000 millones de barriles de crudo venezolano a un selecto grupo de empresas privadas estadounidenses
El acuerdo energético establece una concesión, o como oficialmente se ha llamado, una “asociación estratégica de riesgo compartido”, con una vigencia de 25 años, que abarcan 17 bloques petroleros estratégicamente ubicados en la Faja Petrolífera del Orinoco y en la cuenca del Lago de Maracaibo.
Los 65.000 millones de barriles mencionados representan el 21,5% de las reservas totales de Venezuela (estimadas en 303.000 millones) y, para Washington, aumentan un 141% las preservas probadas de Estados Unidos, que fueron cifradas en 46.000 millones de barriles en 2024.
Con este movimiento económico sin precedentes, Trump no solo se asegura de que haya gasolina barata para sus votantes, sino que elevará a más del doble el "resguardo energético" de los Estados Unidos de un plumazo. Buen discurso de cara a las elecciones del midterm, ¿no?
Desde una óptica nacionalista venezolana, resulta desolador el viraje forzado por los Estados Unidos a un modelo extractivista para Venezuela. Asimismo, puede ser frustrante la pulverización de la ilusión de soberanía petrolera y diversificación económica que está en el imaginario de los venezolanos desde la nacionalización petrolera de 1976. Pero, la realidad, es que hoy el país no tiene la capacidad de inversión requerida para aumentar sustancialmente la producción de crudo y reconstruir nuestra mancillada economía. En este sentido, el acuerdo petrolero prevé inversiones de los operadores norteamericanos en Capex por 100.000 millones de dólares, dinero que Venezuela hoy no tiene, y que permitirá aumentar la producción en 1,5 millones de barriles extra por día en el mediano plazo,
El acuerdo petrolero en cifras
· A un precio referencial de 65 dólares por barril, el acuerdo equivale a 4,225 billones de dólares (trillions, en inglés).
· La ventaja insoslayable para Caracas radica en un compromiso de Washinton de una inyección de capital (Capex) de unos 100.000 millones de dólares y un gasto operativo (Opex) cercano a los 135.000 millones a lo largo de del acuerdo.
· Este pacto parece la única vía pragmática para revertir la inercia estructural que mantenía a PDVSA estancada entre los 900.000 y 1,2 millones de bpd y no llegar al potencial de producción histórica de más de 3 millones de bpd que tenía Venezuela
En virtud del pacto petrolero, las empresas operadoras foráneas asumirán el 100% del riesgo financiero, eximiendo al Estado venezolano de contraer deudas o emitir garantías soberanas. A cambio de esta capitulación, Venezuela espera recibir unos 19 dólares de ganancia neta y directa por cada barril (un 30% del precio de venta), lo que dejaría la astronómica cifra de 209.000 millones de dólares en recaudación fiscal al gobierno venezolano durante el ciclo de vida del proyecto.
¿Es el acuerdo petrolero un trago amargo para el nacionalismo? Sin duda, ya que estamos cediendo la gobernanza técnica, operativa y la comercialización del crudo a multinacionales, lo que implica admitir de alguna manera un fracaso en el manejo de nuestra industria de hidrocarburos. Sin embargo, la ventaja innegable es que este acuerdo se erige como el un salvavidas frente un modelo económico que sin duda hoy resulta obsoleto. Sin la tecnología intensiva de recuperación mejorada que traen estos consorcios para reactivar campos maduros (brownfields) y desarrollar nuevos (greenfields), el petróleo venezolano estaba condenado a quedarse en el subsuelo, perdiendo todo su valor en la inminente era de la transición energética global.
Imagen generada con inteligencia artificial.