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¡El barril pa’rriva y el sueldo pa’bajo!

Por Oscar Doval ·

¡El barril pa’rriva y el sueldo pa’bajo!

Aunque la confrontación bélica del Medio Oriente ocurre a miles de kilómetros de nuestra región, termina afectándonos por el aumento del precio del combustible, el transporte y los alimentos.

El 8 de octubre, Newsquawk informó que los futuros del Brent alcanzaron un máximo intradía de US$105,48 por barril. Los ataques a petroleros y las dificultades para el tránsito por el estrecho de Ormuz han generado preocupación por la interrupción en la cadena de suministro internacional de crudo. 

Para cualquiera de nuestras familias, el mecanismo para que suban los precios es sencillo de entender: si mover mercancías cuesta más, aumentan las presiones sobre el precio de lo que se compra. La repercusión en los precios finales depende de políticas de Estado relacionadas con impuestos, subsidios, competencia y tipo de cambio, pero el trabajador tiene una desventaja conocida: su salario rara vez se ajusta a la velocidad a la que aumenta el precio del barril.

Para Venezuela y quizás ahora también para Guyana, países esencialmente productores de hidrocarburos, un petróleo caro puede representar una oportunidad de ingresos extra y cierto alivio fiscal inmediato. Sin embargo, para el resto de los países la subida del crudo es un golpe al presupuesto nacional. E incluso para los países latinoamericanos con mayor producción de petróleo, el aumento de los precios del crudo puede generar presiones inflacionarias por el encarecimiento de productos intermedios y finales importados. 

Los países latinoamericanos debemos trabajar fuertemente en la industrialización de nuestras economías para ser menos dependientes de las importaciones y menos susceptibles a choques causados por la volatilidad de los precios del petróleo.