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EL RENACIMIENTO ECONÓMICO DE VENEZUELA PARECE SER HOY UNA REALIDAD.

Por Pablo Quintero ·

EL RENACIMIENTO ECONÓMICO DE VENEZUELA PARECE SER HOY UNA REALIDAD.

Datos recientes confirman que más de 25 empresas globales ya tienen planes firmes para invertir, expandirse o regresar al país. Aunque este movimiento es un respiro innegable para la economía, también abre un debate profundo sobre si estamos ante un verdadero renacer productivo o ante un entusiasmo pasajero impulsado únicamente por la urgencia energética mundial y la política exterior de Estados Unidos sobre Venezuela.

El motor de este nuevo interés es, sin sorpresa, el sector del petróleo y el gas. Los acuerdos alcanzados tocan fibras muy importantes de la economía. Por ejemplo, Chevron lidera la marcha con un plan para inyectar más de 7.000 millones de dólares con el objetivo de duplicar su producción local. A esto se suman alianzas de gran envergadura como la de Shell en yacimientos de gas costa afuera y los memorandos firmados entre Repsol y PDVSA. Incluso nuevas empresas como Geopark, en sociedad con el Grupo Gilinski, han entrado al juego con contratos a 25 años en la Faja del Orinoco. Esta avalancha demuestra que el subsuelo venezolano sigue siendo un imán irresistible que obliga a las potencias y a los inversionistas a dejar de lado las tensiones políticas en nombre del negocio energético.

Este despertar petrolero ha provocado un efecto dominó inmediato en la conectividad del país, el cual es el segundo pilar de esta reactivación. Es especialmente llamativo el regreso de gigantes estadounidenses como American Airlines y United Airlines tras casi ocho años de ausencia. Además, la llegada de aerolíneas como Qatar Airways y la reactivación de rutas regionales de Avianca, Latam y Wingo rompen el aislamiento internacional que sufrió el país por tanto tiempo. Cuando los aviones vuelven a aterrizar, la confianza de otros sectores comerciales suele subir.

El fenómeno ya empieza a tocar el consumo masivo y la infraestructura. Empresas como el Grupo Nutresa proyectan ventas millonarias, mientras que Cementos Argos y Andimallas se preparan para integrarse a la reconstrucción física del país. El panorama es, visualmente, el más dinámico en una década. Sin embargo, considero que es vital mantener los pies sobre la tierra y no caer en un optimismo ciego. El retorno corporativo avanza a paso firme, pero el entorno macroeconómico venezolano sigue mostrando debilidades extremas que amenazan la sostenibilidad de estas inversiones a largo plazo. Ninguna economía puede florecer de forma sana con altos niveles de inestabilidad.

Además, el riesgo país sigue estando alto a pesar de los números que refleja la última evaluación de JP Morgan con 6.700 puntos, un 50% menor al cierre del 2025. Las empresas que hoy apuestan por Venezuela lo hacen bajo esquemas hiper-específicos, casi siempre con un gran control sobre sus propios capitales y bajo licencias internacionales muy blindadas. Esto significa que, si bien hay dinero entrando a proyectos clave, ese flujo de caja no se traduce automáticamente en bienestar generalizado para la población ni en el financiamiento de los deteriorados servicios públicos esenciales.

La reactivación corporativa de Venezuela es una excelente noticia que demuestra el poder del pragmatismo comercial sobre la geopolítica. No obstante, para que este "renacer" sea real y no una burbuja petrolera efímera, el país necesita ir más allá de firmar contratos de extracción. Se requiere con urgencia estabilizar la moneda nacional, frenar la inflación y construir una seguridad jurídica sólida que proteja tanto al gran inversionista extranjero como al ciudadano común. El mundo corporativo ya dio el primer paso y volvió a apostar; ahora le toca a las instituciones del Estado demostrar si están listas para sostener ese voto de confianza.