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HIPOCRESÍA GRINGA: EL CORREDOR DE LA MUERTE Y LOS DERECHOS HUMANOS

Por Oscar Doval ·

HIPOCRESÍA GRINGA: EL CORREDOR DE LA MUERTE Y LOS DERECHOS HUMANOS

A Estados Unidos le fascina darnos lecciones de moralidad y derechos humanos al resto del planeta. Sus embajadores emiten informes anuales calificando qué países son civilizados y cuáles no. Sin embargo, su propio sistema de justicia penal sigue anclado en la barbarie medieval. El reciente caso de Christa Pike es la prueba de una hipocresía estructural.

Condenada a muerte, Pike acaba de sobrevivir a una inyección letal mal aplicada, quedando intubada y agonizante. Es tortura moderna patrocinada por el Estado. El director de la prisión tuvo que renunciar, pero el sistema intacto sigue exigiendo sangre. ¿Con qué cara Washington le exige al Sur Global respeto por la dignidad humana cuando ellos mismos son incapaces de erradicar la pena capital, un castigo que afecta desproporcionadamente a los pobres y a las minorías raciales?

El progresismo exige coherencia. No podemos aceptar que el país que bloquea nuestros recursos y asfixia nuestra economía bajo el argumento de los derechos humanos, tenga cárceles que operan como mataderos institucionales. La defensa de la vida debe ser universal, sin importar las fronteras ni la hegemonía política