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LA AUSENCIA DE MARÍA CORINA Y EL PRAGMATISMO ENERGÉTICO DE EEUU.

Por Pablo Quintero ·

LA AUSENCIA DE MARÍA CORINA Y EL PRAGMATISMO ENERGÉTICO DE EEUU.

El tablero político venezolano acaba de ser sacudido por una paradoja tan cruda como previsible. Mientras desde Washington y Caracas se anuncia un acuerdo energético histórico con el que la administración de Donald Trump y la gestión de Delcy Rodríguez planean controlar y explotar reservas estimadas en 65 mil millones de barriles de crudo, la opositora y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, sigue recorriendo el mundo y planificando su regreso a Venezuela por las redes sociales. La escena condensa la victoria del pragmatismo sobre los principios, los mismos actores internacionales que celebraron la captura de Nicolas Maduro el 3 de enero hoy prefieren negociar contratos de suministro directo con el poder en Miraflores.

Estar lejos del terreno nunca es neutro en política y para María Corina esta distancia comienza a cobrar una factura costosa. La política venezolana no se resuelve en los salones de diplomáticos en Europa ni en las salas de prensa internacionales; mucho menos desde una pantalla de YouTube, se resuelve en la calle, en el día a día de un país que aprende a sobrevivir a través del comercio informal, la dolarización de facto y la adaptación cotidiana. Al estar fuera de Venezuela, el liderazgo opositor corre el peligro inminente de convertirse en una voz de representación simbólica y no más de eso, una voz lejana de las urgencias inmediatas de la gente y sin capacidad real para convocar o presionar sobre la realidad interna. María Corina Machado está en su peor momento político, luce débil, sin capacidad de maniobra y desconectada de la realidad.

La Casa Blanca ha vuelto a hacer gala de una realpolitik sin matices. El acuerdo petrolero demuestra que, para los intereses geopolíticos estadounidenses, la seguridad energética y la contención de los precios del combustible pesan infinitamente más que la agenda de democratización o el discurso de “virtue signaling”. El mensaje enviado desde Washington es claro, el apoyo a los derechos humanos y a las figuras de la oposición es deseable en el discurso, pero los negocios se cierran con quienes tienen la llave de los pozos, con quien tiene el poder real sobre un país petrolero, no un premio nobel.

Esta reconfiguración posiciona a Delcy Rodríguez en un lugar de fortaleza inédito. No solo logran un respiro financiero crucial mediante la inyección de capital extranjero y la comercialización masiva de barriles, sino que obtienen algo aún más valioso, la validación de facto como interlocutores indispensables y factores de poder necesarios para la Venezuela de hoy. Frente a los mercados internacionales, Rodríguez deja de ser una figura sancionada para convertirse en la administradora de los recursos que las potencias necesitan y un actor político que gana cada vez más confianza no solo en Trump, sino en inversionistas y grandes firmas petroleras de todo el mundo. Delcy Rodríguez y su gobierno hoy tiene una gran oportunidad de avanzar no solo en un gran proceso de recuperación económica sino también en una solida campaña de refundación en las estructuras del gobierno y eso incluye, los aspectos comunicacionales y narrativos que se necesitan para una eventual elección por la presidencia.

María Corina Machado se encuentra en una encrucijada definitiva y desde la oposición ya es un asunto incómodo para todos. El capital simbólico acumulado y el respaldo ético internacional siguen intactos, pero de poco sirven cuando el rival político gana terreno económico y legitimidad operativa a través del petróleo y acuerdos energéticos. Si el movimiento opositor no logra articular una estrategia que trascienda la dependencia del apoyo diplomático occidental y no evalúa los costos políticos de disputar el espacio de manera presencial, corre el riesgo de quedar relegado a un papel testimonial en una Venezuela que ya empezó a repartirse sin ellos. Hoy, un barril de petróleo tiene más peso que un premio nobel, aunque hasta donde tenemos entendido María Corina Machado se lo regaló a Donald Trump.