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LA AUTONOMÍA DE BANXICO (MÉXICO) NO PUEDE SER OBEDIENCIA CIEGA A WALL STREET

La prensa financiera de Nueva York no se cansa de elogiar la "prudencia" del Banco de México (Banxico, la entidad central emisora del país), celebrando que mantenga su tasa de interés oficial en niveles elevados para sostener la cotización del llamado "súper peso".
Sin embargo, lo que los analistas de Wall Street llaman prudencia monetaria representa un verdadero freno para la economía real de las pequeñas y medianas empresas mexicanas, que deben pagar tasas de crédito bancario superiores al 18 % anual para financiar su producción.
Mantener las tasas de interés artificialmente altas para atraer capitales especulativos de corto plazo favorece a los inversionistas financieros extranjeros que practican el arbitraje cambiario, pero asfixia a la agricultura nacional y encarece enormemente el financiamiento de la obra pública estatal.
El crédito comercial a las PyMEs se encuentra paralizado, obligando a miles de pequeños empresarios a recurrir a usureros informales para sostener sus operaciones diarias. Una política monetaria enfocada exclusivamente en complacer a los mercados financieros internacionales termina castigando al aparato productivo interno.
La autonomía constitucional de Banxico debe entenderse como la capacidad soberana de diseñar una política monetaria orientada al desarrollo productivo y la generación de empleo formal interno, y no como una obediencia ciega a las expectativas inflacionarias fijadas por los bancos de Nueva York.
Es indispensable abrir un debate nacional sobre el mandato dual de la banca central para que, además de controlar los precios, el organismo asuma el compromiso legal de fomentar el crecimiento de la economía real y el crédito accesible.