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¡Lula contra las cuerdas! El “bolsonarismo” cobra vida otra vez

Por Oscar Doval ·

¡Lula contra las cuerdas!  El “bolsonarismo” cobra vida otra vez

El progresismo brasileño está en alarma electoral desde que Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los votos válidos y Lula el 45,16 % en la primera vuelta electoral del 4 de octubre. Ambos candidatos disputarán la presidencia el próximo 25 de octubre.

El avance bolsonarista va más allá de la carrera presidencial, ya que el Partido Liberal de Bolsonaro ya tiene asegurados 28 de los 81 puestos del Senado a partir de 2027. Una fuerza política con ese peso puede condicionar leyes, presupuestos y reformas, aunque no gane la presidencia.

La respuesta socialista ante la resurrección de la extrema derecha en Brasil tiene rápidamente que trascender la sorpresa o la rabia que inicialmente pudo haberle causado la ventaja de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta y “ponerse las pilas”.

Pensar que la mayoría del electorado brasileño es ignorante o ingenuamente manipulado por la derecha, no solo es un acto de desprecio a la población, sino que difícilmente ayudará a Lula a ganar un voto en la segunda vuelta electoral.

Llegó el momento de que Lula y su gente escuchen al pueblo y atiendan el “miedo a la delincuencia, el cansancio por los precarios servicios públicos y la angustia de trabajar mucho para llegar justo (o no llegar) a fin de mes”.

Lula tiene que traducir su propuesta política al lenguaje de la gente común: cuánto rinde el salario, cuánto tarda en conseguirse una cita médica y qué oportunidades tendrán los jóvenes a futuro. En este sentido, defender los derechos más elementales del brasileño de a pie resulta más convincente que mil palabras sobre oligarquías perversas, igualdad y libertad.

También llegó el momento de exigirle a Flávio Bolsonaro respuestas concretas a los problemas sociales de la gente y no promesas electoreras vacuas. El apellido Bolsonaro por sí solo no responde a cómo se financiarán las incontables promesas de progreso económico que ha hecho, cómo protegerá a los trabajadores y cómo respetará a la oposición democrática (a diferencia de su padre, con claras actitudes totalitarias y golpistas).

La izquierda debería ganarse el futuro político con una mejor gestión económica, menos consignas trasnochadas y más acciones pragmáticas orientadas a la resolución de problemas. La derecha debe demostrar su compromiso democrático real, así como gritar menos y hacer más.