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¡MARÍA CORINA, VENTE YA!

El regreso de María Corina se ha vuelto el himno de los que todavía tienen esperanza de que la indudable líder opositora siga dirigiendo sus destinos.
La ya célebre intención de regreso de María Corina la hemos escuchado después de la salida de Nicolás Maduro, después de los terremotos, en las diferentes entrevistas, en mensajes y en declaraciones solemnes.
En abril, Machado le dijo a Reuters que esperaba estar de vuelta antes de terminar 2026. Para junio, después de los terremotos, anunció que “había llegado el momento” y que estaría “muy pronto” junto a los venezolanos, y que incluso, consolaría “en directo” a la madre de una de las víctimas mortales de los sismos. Además, dicen diferentes medios que María Corina ha tratado infructuosamente de entrar al país en los últimos días, lo que todavía está por confirmarse.
Esperemos que el regreso de María Corina no se trate de la pésima comprensión de nosotros los venezolanos, en virtud de la cual “ya voy”, “ahoritica llego”, “saliendo pa’ allá”, “llegando” y otras tantas aseveraciones respecto al tiempo de arribo, pueden significar desde minutos, hasta días, semanas, meses, años o nunca.
Además del acervo y semántica venezolana, aparece Trump como un impedimento en la ecuación del regreso de María Corina. Aquí conviene reconocer una ironía extraordinaria: durante mucho tiempo Machado construyó una relación política muy cercana con Trump, pero ahora que quiere regresar, la relación parece haber adquirido ese maravilloso formato de la diplomacia política internacional:
“Te apoyamos querida y notable laureada con el Nobel, María Corina, pero déjanos ver si conviene que estés en Venezuela”, diría el mismo Trump.
Al respecto, Reuters informó en septiembre que funcionarios estadounidenses han mostrado reticencia ante el regreso de Machado, y que, según fuentes opositoras, ella sigue planeando volver, pero sin fecha del todo clara. Es decir, María Corina quiere regresar, sus seguidores esperan que regrese, pero el gobierno americano no está convencido de que sea buena su vuelta a Venezuela.
Pero no vayamos a cometer la injusticia de decir que Trump le prohibió volver. Según la agencia EFE, Trump lo negó expresamente en julio, ya que dijo que no le había pedido que dejara de viajar y recordó incluso la buena relación que mantenía con Machado. Más aún, un funcionario del Departamento de Estado declaró ante el Congreso que Estados Unidos no iba a obstaculizar su regreso y que Machado, como ciudadana venezolana, tenía derecho a volver.
Uno imagina a Machado en Panamá escribiendo en el teléfono: “¿Ya?”, “¿Ahora?”. “¿Y ahora?”, “¿Y cuándo?”. A la par, Washington responde: “Todavía no”, “Espere un momento”, “Estamos coordinando,”, “Pronto”.
“Próximamente”, “ya veremos”, “pronto”, “estamos analizando”, son expresiones usadas cuando un político no quiere decir “no sé”.
En ese sentido, Machado las ha utilizado con una perseverancia digna de estudio.
Reuters informó que las conversaciones respaldadas por Estados Unidos para reorganizar el sistema político venezolano no incluyen en la fórmula a Machado. Y el 18 de septiembre la misma agencia reportó que Trump tenía previsto verse con Delcy Rodríguez en el encuentro de la ONU en Nueva York, en medio de una relación creciente entre Washington y el gobierno interino venezolano.
Por ahora lo que vemos los legos en materia política es que Trump sigue acercándose a Delcy Rodríguez, Machado sigue esperando el momento de regresar y el calendario venezolano continúa pasando las páginas.
En este momento político venezolano, el verdadero acto de liderazgo opositor sería ver a María Corina bajar por la escalerilla del avión, o entrar en una lancha o por tierra o en una carrucha, o como quiera.