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SILO: LA ÚLTIMA CAVERNA DE PLATÓN DESDE APPLE TV.
Ciencia ficción, política, psicología social y distopía en Silo , de Apple TV: un análisis contemporáneo de los sistemas políticos autoritarios.

¿Qué ocurre cuando una sociedad entera acepta como verdad aquello que nunca ha podido comprobar? Esa es, probablemente, la pregunta filosófica más poderosa que plantea Silo, la serie de ciencia ficción de Apple TV basada en la trilogía de Hugh Howey. La premisa es sencilla y precisamente por eso, inquietante. Unas 10.000 personas viven bajo tierra en una gigantesca estructura vertical, porque se supone que el exterior es tóxico y mortal. Nadie sabe exactamente por qué fueron construidos los silos, quién tomó la decisión ni qué ocurrió realmente con el mundo exterior. Quienes intentan investigar demasiado se convierten en una amenaza para el sistema, pero Silo no es realmente una historia sobre personas que viven bajo tierra, es una historia sobre personas que viven dentro de una idea.
La dimensión política y filosófica de esta serie nos refiere a la alegoría de la Caverna de Platón que es cuando la realidad depende de lo que podemos ver. Un grupo de personas permanece encadenado dentro de una caverna desde su nacimiento. No pueden mirar hacia atrás y solamente observan sombras proyectadas sobre una pared. Para ellos, esas sombras constituyen la realidad. Si uno de ellos logra liberarse y salir de la caverna, inicialmente la luz le resulta insoportable. Después descubre que aquello que consideraba real era solamente una representación parcial de la realidad y aquí, el paralelismo con Silo es poderoso para quienes nos gusta la política dentro de la ciencia ficción.
Los habitantes del silo poseen una representación del mundo exterior: una pantalla. Esa pantalla les muestra un paisaje devastado, gris y mortal. La imagen funciona como evidencia y no necesitan salir al exterior porque todos han aprendido que salir significa morir. Esto nos puede recordar a otras películas como “La Aldea” o “Maze Runner”. En Silo, la caverna no es simplemente un lugar de ignorancia, es un sistema organizado para producir una determinada percepción de la realidad y eso convierte la serie en una reflexión política incomoda para quienes vivimos dentro de un sistema con características autoritarias.
El propio Hugh Howey, su director, explicó que una de las ideas originales de la historia era precisamente una sociedad cuya información sobre el exterior llegaba a través de una única pantalla, y que esa información filtrada terminaba afectando psicológicamente a sus habitantes. La pantalla, por tanto, no es únicamente una ventana, es una institución política donde el poder no necesita ocultar toda la verdad; basta con controlar el acceso a ella. ¿Será Corea del Norte un país dentro de un silo? Ya lo veremos.
Uno de los aspectos más interesantes de la serie es que el poder no funciona exclusivamente mediante la violencia, de hecho, en las escenas casi no hay, la violencia como un enfrentamiento bélico no es algo común en la serie. Los habitantes desconocen su historia, hay libros prohibidos y existen recuerdos que deben ser eliminados; hay preguntas que no deben formularse y el pasado se convierte en un territorio políticamente peligroso. ¿A los sistemas autoritarios les conviene borrar el pasado o distorsionarlo? Reflexionemos al respecto.
Quien controla la información tiene una enorme capacidad para controlar la interpretación de la realidad. El gobierno del silo no necesita estar permanentemente reprimiendo a 10.000 personas, mucho más eficiente es conseguir que esas 10.000 personas internalicen las reglas y adapten su comportamiento al sistema inhibiendo sus emociones y se autocensuren. Aquí aparece una de las grandes intuiciones de la serie: el poder más eficiente no es necesariamente el que obliga y esto hasta en la vida cotidiana es un “fact” bastante grande. Poder no es lo mismo que autoridad.
La prohibición de salir al exterior es especialmente importante porque se encuentra respaldada por una amenaza absoluta: la muerte está afuera y el miedo así cumple una función política y psicológica. Una población que cree estar permanentemente amenazada está mucho más dispuesta a aceptar restricciones extraordinarias, sin embargo, esto no significa que toda política de seguridad sea necesariamente autoritaria, la cuestión más interesante que plantea Silo es otra: ¿Cuánta libertad estamos dispuestos a sacrificar cuando creemos que nuestra supervivencia está en juego? Volvemos a las clases de teoría política en la universidad.
Esta pregunta en un experimento social, si la alternativa que se presenta a los ciudadanos es: libertad como sinónimo de muerte y obediencia significa supervivencia, la mayoría probablemente escogerá la obediencia, pero queda una pregunta bastante incomoda en la mitad ¿Quién decide que esas son realmente las únicas alternativas? ¿Qué tipo de contrato social es ese?
También podemos interpretar Silo desde Hobbes. En el Leviatán, Thomas Hobbes parte de una preocupación fundamental: el miedo al caos y a la violencia puede llevar a los individuos a aceptar un poder soberano fuerte a cambio de seguridad y en silo se representa una versión extrema de ese contrato. Los ciudadanos aceptan restricciones enormes porque el sistema les proporciona algo que consideran más importante, seguridad.
En la serie hay algo realmente perturbador y es que la población no puede conocer libremente el pasado, no pueden investigar determinadas cuestiones, pero tienen comida, vivienda, trabajo, energía y protección. La pregunta política que plantea la serie es entonces: ¿Cuánta libertad puede sacrificar una sociedad para garantizar su supervivencia? ¿A que modelo político nos recuerda esto? Dejémoslo en el aire para reflexionar si esto es algo que hemos visto en América Latina, pero hagamos otra pregunta ¿En qué momento la seguridad deja de proteger a la sociedad y comienza a proteger al propio sistema de poder? Si, la seguridad protegiendo al propio poder, Orwell se queda pequeño con este planteamiento.
Cuando analizamos la psicología de una sociedad encerrada, descubrimos que el silo no solamente controla cuerpos, también controla comportamientos, expectativas y emociones. Una sociedad que vive durante generaciones creyendo que el exterior es mortal desarrolla una psicología colectiva basada en el miedo y en a la limitación de sus emociones. Esto genera varios mecanismos psicológicos como Conformidad, cuando todos alrededor creen lo mismo y cuestionarlo tiene un costo psicológico enorme. En este sentido el individuo piensa: “Si 10.000 personas creen esto, probablemente el equivocado soy yo.” Es uno de los mecanismos más poderosos de la psicología social. También observamos la disonancia cognitiva que es cuando aparecen evidencias que contradicen una creencia fundamental y surge una tensión psicológica. Aceptar la nueva información significa admitir que muchas cosas que hemos creído durante toda nuestra vida podrían ser falsas por eso, muchas personas prefieren reinterpretar la evidencia antes que cambiar su sistema de creencias.
En términos políticos, las sociedades no siempre defienden una idea porque sea verdadera; a veces la defienden porque han construido su identidad alrededor de ella. Otro aspecto a analizar es la obediencia a la autoridad y como existe una tendencia a obedecer las estructuras institucionales, por eso, la autoridad en esta serie no se presenta como un tirano sino como un sheriff escuálido, un alcalde que no grita, un juez que no se le ve la cara, unos funcionarios imperceptibles cuyos procedimientos y reglas se aplican sin tanto escándalo. En esta etapa el sistema adquiere legitimidad porque parece institucional, o así es percibido por la población. Dejamos otra pregunta en el aire para la reflexión sobre el tema ¿obedecemos porque creemos que una autoridad tiene razón o porque creemos que tiene derecho a mandar?
En la serie, la memoria es utilizada como un instrumento político. Uno de los elementos más interesantes de Silo es la relación entre memoria y poder. Una sociedad que no recuerda su pasado tiene dificultades para cuestionar su presente. Si eliminas la memoria de una comunidad también puedes eliminar la capacidad de esa comunidad para comparar y ver más allá de sus propios sesgos y limites mentales y sin comparación es mucho más difícil detectar que algo ha cambiado. Esto recuerda la célebre idea de George Orwell de que controlar el pasado permite controlar el presente, pero en el caso de Silo, la serie introduce una dimensión psicológica adicional: olvidar también puede ser una forma de protección.
El director de la serie Hugh Howey ha explicado que el tema del olvido y de los mecanismos destinados a borrar recuerdos traumáticos era central para la historia y que la idea de una sociedad incapaz de escapar del peso del pasado atraviesa la saga por eso la memoria en Silo no es solamente histórica es política, psicológica y existencial.
Sobre el personaje Juliette Nichols solo diré que es una representación narrativa del proceso mediante el cual un ciudadano pasa de la obediencia a la conciencia política y esto no necesariamente la etiqueta como una revolucionaria o agitadora. Es una persona más dentro del sistema que comenzó cuestionando algo e insistiendo por evidencia.
Una población desinformada puede ser gobernada; una población que comienza a hacer preguntas puede convertirse en un problema. Por eso la pregunta más peligrosa de Silo no es: ¿Quién gobierna? Sino ¿Por qué? ¿Por qué no podemos salir? ¿Por qué nadie recuerda? ¿Por qué existe esta regla?
A todas estas nos encontramos con un gran dilema: ¿y si la mentira protege a la sociedad? ¿Qué ocurre si la verdad puede destruir el orden social? Supongamos que revelar determinada información provoca una rebelión y la rebelión provoca caos y esto provoca miles de muertes. ¿Es moralmente justificable ocultar la verdad para evitarlo? Este dilema recuerda una de las preguntas más antiguas de la filosofía política: ¿puede existir una mentira políticamente necesaria?
Platón precisamente no era un defensor ingenuo de la transparencia absoluta. En La República aparece la idea de la “mentira noble”: determinadas ficciones pueden ser utilizadas para mantener el orden de la ciudad y Silo lleva esa idea a un escenario distópico. A este punto nos volvemos a preguntar ¿La gente tiene derecho a conocer la verdad? ¿Una sociedad puede sobrevivir a determinadas verdades? Para la reflexión nuevamente.
Uno de los momentos más importantes de la serie ocurre cuando el conocimiento deja de ser individual y comienza a convertirse en conocimiento colectivo. Mientras Juliette solamente sabe algo que los demás desconocen, el sistema puede aislarla, pero cuando la duda comienza a propagarse, aparece algo diferente: la psicología de masas. El miedo puede ser contagioso pero la esperanza también. La obediencia puede ser contagiosa pero la rebelión también y esto conecta directamente con Gustave Le Bon, Elías Canetti y otros autores que estudiaron el comportamiento colectivo bajo el siguiente planteamiento: las masas pueden desarrollar dinámicas distintas de las que tendría cada individuo por separado.
Una persona puede tener miedo de rebelarse, pero miles de personas que descubren simultáneamente que tienen el mismo miedo pueden comenzar a actuar de otra manera y aquí el poder enfrenta un problema: la individualidad puede ser controlada pero la conciencia colectiva es mucho más difícil de controlar.
En Silo podemos ver una metáfora del Estado donde la propia arquitectura tiene una función política. El silo es vertical, hay niveles, departamentos, jerarquías, productores, administradores, gobernadores, vigilantes. La estructura física reproduce la estructura social y el espacio se convierte en una representación del poder. No estamos ante una sociedad horizontal, estamos literalmente ante una sociedad construida en niveles.
Hugh Howey ha explicado que el concepto de Silo también surgió de su interés por los llamados information silos: comunidades aisladas informativamente que reciben determinadas versiones de la realidad y dejan de contrastarlas con otras perspectivas. Eso hace que la serie sea particularmente relevante en la era de las redes sociales.
Hoy no necesariamente vivimos encerrados bajo tierra, pero podemos estar encerrados dentro de: un algoritmo, una ideología, una comunidad digital, una burbuja informativa, un partido político, una teoría conspirativa o un grupo social y cada uno puede construir su propia “pantalla”.
Como último punto de análisis podemos hablar de la paradoja de la libertad. En la serie, el sistema no solamente priva a sus habitantes de libertad también les proporciona una explicación para que no deseen ser libres y eso es mucho más poderoso. Un sistema que convence al ciudadano de que su propia libertad es peligrosa puede ser mucho más estable por eso Silo no debería interpretarse únicamente como una crítica al autoritarismo y quienes hemos vivido en él, podemos conocer exactamente cada detalle de esta superestructura.
La grandeza de Silo está precisamente en que utiliza la ciencia ficción para hablar de problemas que no son futuristas como lo es el poder, el miedo, la propaganda, la memoria, la obediencia, la autocensura, la información, la psicología colectiva, el liderazgo y la libertad, pero hay una pregunta que no quisiera dejar pasar ¿Quién tiene el poder de definir qué es verdad? ¿Qué es lo que verdaderamente esta afuera de nuestras pantallas?