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WALL STREET DESENFRENADO Y LA DEUDA IMPAGABLE DE TÍO SAM

Por Redacción SurEconomics ·

WALL STREET DESENFRENADO Y LA DEUDA IMPAGABLE DE TÍO SAM

Imaginemos por un momento la escena: “un primo irresponsable que pide prestado a diez bancos distintos para pagarse unas vacaciones de lujo en Miami, mientras en casa no hay ni para comprar el pan de la semana. Cuando se le acaba el cupo de las tarjetas, simplemente emite un vale de papel firmado por él mismo y le exige al vecino que se lo acepte como dinero real”.

Bueno, pues no hace falta imaginar demasiado: ese primo extravagante tiene nombre y apellido, se llama Estados Unidos, y su oficina principal está en Wall Street, el corazón del sistema financiero neoyorquino donde se negocian las acciones de las corporaciones más poderosas del planeta.

Durante más de cuatro décadas, Washington y el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo multilateral encargado de prestar dinero a países en apuros a cambio de drásticas reformas de austeridad, le dieron sermones a América Latina sobre la "responsabilidad fiscal". Nos obligaron a congelar los salarios de los maestros, privatizar empresas públicas estratégicas y recortar el presupuesto de los hospitales con el argumento de que "no se puede gastar más de lo que se ingresa". Sin embargo, hoy el rey está desnudo: la deuda pública federal de Estados Unidos acaba de superar la colosal e impagable cifra de 35 billones de dólares, un 124,00 % de su PID.

Para que entendamos la magnitud del disparate: la Reserva Federal (Fed), banco central estadounidense, mantiene el costo del dinero en un elevado 5,25 %, buscando frenar la subida de precios internos. Esto significa que el gobierno estadounidense gasta actualmente más de 892.000 millones de USD anuales solo para pagar los intereses de su deuda a los grandes bancos y fondos de inversión. Es un monto astronómico que supera con creces el presupuesto militar de la potencia norteamericana. La gran paradoja es que Washington sostiene su hegemonía mundial imprimiendo billetes verdes sin respaldo real y exportando inflación al resto del planeta.

Cada vez que el gobierno de EE. UU. emite títulos para financiar su déficit y la Fed congela las tasas elevadas para retener a los inversionistas, el costo del crédito internacional para nuestros países se dispara a niveles confiscatorios. Para emitir un bono soberano en Nueva York, países como Ecuador, Colombia, Bolivia o Argentina deben pagar sobretasas de interés leoninas que devoran el presupuesto nacional. En lugar de utilizar los recursos públicos para construir acueductos, escuelas y carreteras en nuestras provincias, los ministerios de hacienda latinoamericanos se ven obligados a enviar divisas frescas al Norte únicamente para pagar intereses de deuda encarecidos por las decisiones de Washington. Además, la subida del dólar encarece la importación de insumos médicos y fertilizantes agrícolas, disparando la inflación de los alimentos que llegan a la mesa de nuestras familias populares. Estados Unidos vive de fiesta a crédito y América Latina paga la cuenta del bar.


Fuentes: Registro de Deuda del Departamento del Tesoro de EE. UU. (https://www.fiscaldata.treasury.gov) | Oficina de Presupuesto del Congreso de EE. UU. (CBO) (https://www.cbo.gov)