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Washington se traga nuestro crudo y nosotros con "mal holandés”

Implicaciones económicas del acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela: la trampa mortal de la desindustrialización o la oportunidad dorada para reconstruir la nación.

Por Óscar Doval ·

Washington se traga nuestro crudo y nosotros con "mal holandés”

Para la maquinaria industrial de los Estados Unidos, e acuerdo petrolero con Venezuela es un negocio redondo, envuelto en papel de regalo y atado con un “lazo de seguridad nacional”.

 

Al garantizar una meta productiva superior a 1,5 millones de barriles diarios de manera sostenida, las refinerías del sur de los Estados Unidos resuelven su escasez de crudo pesado y extrapesado. Washington se asegura el control físico de la materia prima, revitaliza su ecosistema energético doméstico y mitiga cualquier volatilidad de sus proveedores naturales de gasolina sin tener que disparar un solo misil en el Medio Oriente.

 

Pero enfoquemos la lupa en Venezuela. Tras el pacto petrolero, nuestro país proyecta unos ingresos brutos globales de 542.000 millones de dólares, de los cuales el Fisco retendría los ya mencionados 209.335 millones por impuestos y regalías (con una base mínima del 16% y un ISLR del 34%), además de 22.000 millones directos para PDVSA en su calidad de socia minoritaria.

 

Aunque suenan muy alentadoras tan ingentes cantidades de dinero, como tantas veces a lo largo de nuestra historia, corremos el riesgo del bien conocido "mal holandés". Dicha condición, describe el daño a la economía de un país cuando entra una gran cantidad de divisas por vender un recurso natural. En este sentido, la historia contemporánea de Venezuela es un trágico compendio de desastres económicos ligados a los auges de liquidez externa desde la década de 1950, debido a que, al preciarse el bolívar por los ingresos extraordinarios en moneda extranjera, el sector productivo del país pierde competitividad externa privilegiando la importación de bienes y servicios y destruyendo la industria nacional.

 

Las ventajas financieras versus el riesgo macroeconómico del acuerdo petrolero

Las ventajas: esta colosal inyección de liquidez representa una oportunidad única y definitiva para reconstruir la comprometida infraestructura de la nación. Hay recursos de sobra para financiar la modernización de la red eléctrica nacional, el saneamiento hídrico, los puertos y la educación técnica de alto nivel, elementos indispensables tras una crisis de hiperinflación que destruyó el 80% del PIB.

El riesgo inminente: históricamente, la entrada repentina y masiva de petrodólares aprecia artificialmente la moneda local. Si estos dólares se inyectan sin control en la economía para financiar gasto público corriente, subsidios o clientelismo, los bienes importados serán más baratos que los producidos en el país. Esto pulverizará la escasa competitividad de nuestra industria y agricultura, devolviéndonos a una letal "economía de puertos" que tradicionalmente hemos vivido en Venezuela.

 

En resumen, el acuerdo petrolero nos proporciona los recursos financieros que absolutamente nadie más en la comunidad internacional estaba dispuesto a prestarnos, permitiéndonos esquivar el abismo fiscal que vivimos. No obstante, nos entrega también el arma con la cual podríamos suicidarnos macroeconómicamente. Si el liderazgo político cede a la tentación populista del corto plazo, veremos cómo los dólares se esfuman en importaciones suntuarias mientras nuestras fábricas cierran definitivamente. La disciplina fiscal ya no es una opción académica, es un imperativo para la supervivencia nacional.

 Imagen generada con IA.