Editorial
ABRIR LAS VENTANAS ANTES DE IR A LAS URNAS ELECTORALES

En menos de una semana, Venezuela vivió dos escenas que hace un año habrían parecido imposibles. La primera ocurrió en Nueva York. Allí, ante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció que en Venezuela habrá elecciones y aseguró que su administración inició un proceso de diálogo con sectores de la oposición para avanzar hacia una transformación democrática. La segunda ocurrió en Caracas dos días después. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez y la exdiputada Dinorah Figuera, que encabeza el grupo opositor de la mesa de negociación y dialogó, leyeron un comunicado conjunto en el que acordaron acompañar la decisión de continuar y ampliar el levantamiento de medidas administrativas contra portales de noticias, páginas web y medios electrónicos.
Se celebra esta decisión y se pide que se profundice. Pocas medidas tienen tanto peso para la vida democrática como devolverle a la ciudadanía el derecho a informarse sin intermediarios ni permisos burocráticos que se hacen desde el temor. Emoción que debe desaparecer del sentir de la ciudadanía.
Lo más valioso del comunicado es que ambas partes, sentadas en lados opuestos de la mesa, coinciden en el diagnóstico. Según el texto, la medida busca “fortalecer la libertad de expresión, el pensamiento plural y el derecho a la información”. Además, invita a los actores del sistema de comunicación público y privado a contribuir a la convivencia democrática. En un país acostumbrado a que gobierno y oposición no coincidan ni en la hora, esa frase compartida es un punto de partida.
El acuerdo, además, va más allá de las pantallas. Las partes impulsarán una agenda de discusión sobre el uso del espectro radioeléctrico nacional, con participación de todos los actores del país y revisión de los instrumentos legales que lo requieran. Esto importa porque radio y televisión siguen siendo la principal fuente de información para millones de venezolanos fuera de las grandes ciudades.
Durante años, leer ciertos portales en Venezuela exigió redes privadas virtuales, enlaces alternativos y paciencia. Esa barrera no solo castigó a los medios. También empobreció la conversación pública, porque cada bando terminó hablando consigo mismo y el adversario pasó a ser un enemigo al que no se escucha. La convivencia política empieza por algo tan básico como poder leer lo que dice el otro.
La apertura llega en un momento decisivo. Jorge Rodríguez aseguró tras el diálogo que el cronograma contemplará comicios parlamentarios, regionales, municipales y presidenciales en los tiempos constitucionales y fue enfático en que no habrá atajos fuera de las urnas. En Nueva York, Delcy Rodríguez habló de conducir a Venezuela desde una etapa de incertidumbre y conflicto hacia una etapa de democracia plena.
Ninguna elección presidencial puede ser plena si el votante llega a la mesa sin haber podido comparar propuestas, verificar promesas o conocer los antecedentes de quienes aspiran a gobernar. El acceso libre a medios digitales tiene cuatro efectos concretos antes de una campaña.
El primero es la deliberación. Con portales abiertos, el elector puede contrastar versiones, leer investigaciones periodísticas y formarse un criterio propio en lugar de repetir consignas.
El segundo es la equidad. Los candidatos, sean del oficialismo o de la oposición, pueden llegar a los ciudadanos sin depender de un solo canal. Eso reduce la sospecha de ventajismo y hace más creíble el resultado para todos.
El tercero es la defensa contra la desinformación. Paradójicamente, los bloqueos suelen favorecer los rumores, porque cuando el periodismo verificado no circula, la cadena de mensajes anónimos ocupa su lugar. Un ecosistema informativo abierto y plural es el mejor antídoto contra las mentiras de cualquier signo.
El cuarto es la movilización ciudadana. Una población informada se organiza mejor. Sabe dónde y cómo actualizar sus datos electorales, cómo inscribirse como testigo de mesa, qué garantías exigir y cómo coordinarse con sus vecinos. La movilización pacífica y ordenada de los votantes no amenaza a nadie; es la señal más clara de que una sociedad confía en el voto como herramienta de cambio. Esto vale también para los millones de venezolanos en el exterior, a quienes la presidenta encargada dirigió un mensaje en la parte final de su discurso y que siguen el país casi exclusivamente a través de medios digitales.
Celebrar la apertura no significa darla por completa. La orden de Delcy Rodríguez de levantar de forma inmediata las restricciones a otro grupo de plataformas no detalla qué portales serán desbloqueados ni cuántos. Jorge Rodríguez afirmó que la mayoría de los portales que permanecían bloqueados ya habrían recuperado la operatividad, pero dejó para el próximo lunes las decisiones sobre las causas administrativas y los procesos judiciales abiertos contra periodistas.
Ese lunes será una prueba importante. Un portal desbloqueado sirve de poco si quien escribe en él sigue enfrentando un expediente judicial por hacer su trabajo. La libertad de prensa no se mide solo por las páginas que abren; se mide también por la tranquilidad con que trabajan los periodistas.
Tampoco se pueden ignorar las voces críticas. La Plataforma Unitaria Democrática respondió al discurso en la ONU reclamando garantías para ejercer los derechos políticos, recuperar las tarjetas y símbolos de los partidos, eliminar las inhabilitaciones y liberar a todos los presos políticos. También pidió un CNE confiable, plazos claros y un cronograma electoral verificable. Esas exigencias no contradicen la apertura mediática; la complementan. Un país informado es precisamente el que puede vigilar que esas garantías se cumplan.
Por eso, el camino correcto es convertir el gesto en política estable. Eso implica publicar la lista de portales rehabilitados, cerrar los procesos contra periodistas, llevar a la ley las garantías que hoy dependen de una orden administrativa y abrir el debate sobre el espectro radioeléctrico con reglas claras.
Tras esta segunda ronda de negociaciones, la tercera está prevista para mediados de octubre, según dijo Jorge Rodríguez. Entre hoy y esa fecha, los venezolanos tendrán la ocasión de comprobar si las ventanas abiertas se mantienen abiertas.
La democracia no se decreta desde una tribuna internacional ni se firma en un comunicado. Se construye cada día en la posibilidad de leer, escuchar, discutir y disentir sin miedo. Si el gobierno y la oposición quieren que la próxima elección presidencial sea aceptada por todos, empezar por la información libre es la mejor inversión que pueden hacer. Un pueblo bien informado vota mejor, se moviliza en paz y, sobre todo, acepta con mayor serenidad el resultado, sea cual sea.