Editorial
¡EL SUR GLOBAL SE AHOGA POR LA AUSTERIDAD MONETARIA Y EL G7 SE ENRIQUECE A BILLETAZOS!

Imaginemos por un momento la economía familiar cotidiana: cuando a un hogar de clase trabajadora le faltan ingresos, la receta inmediata del banquero de la esquina es recortar la merienda de los niños, vender el automóvil viejo y apretarse el cinturón.
Durante más de cuatro décadas, el Grupo de los Siete (conocido como el G7, la alianza de las economías más industrializadas del planeta integrada por Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) le aplicó exactamente este mismo receta al Sur Global. Los burocráticos organismos de Washington nos obligaron a congelar los presupuestos de los hospitales públicos, privatizar los recursos estratégicos y reducir los salarios en nombre de la "disciplina fiscal". Sin embargo, en esta última semana de agosto de 2026, el show de la hipocresía internacional ha quedado completamente al descubierto.
Resulta que el gobierno de Estados Unidos acaba de rebasar la astronómica cifra de 35 trillones de dólares en deuda pública, es decir, el 124 % de todo su Producto Interno Bruto (PIB), la suma total de bienes y servicios que produce el país en un año. Para sostener semejante montaña de endeudamiento, el Tesoro estadounidense gasta este año más de 890.000 millones de dólares únicamente en pagar los intereses a los banqueros prestamistas, superando con creces su propio presupuesto militar.
Mientras la Reserva Federal (Fed), el Banco Central estadounidense encargada de fijar la tasa de interés de referencia, mantiene el costo del dinero por las nubes en 5,25 % alegando que busca frenar la inflación, los gobiernos del Norte inyectan subsidios multimillonarios a sus corporaciones locales. Contrariamente, a nosotros, las economías emergentes y menos favorecidas de América Latina, nos exigen recortes de shock, a través de recetas dadas Multilaterales relacionadas con los Estados Unidos como el Fondo Monetario Internacional (MFI), mientras las grandes potencias económicas imprimen billetes para salvar a sus grandes magnates.
Esta asimetría no es una simple distorsión técnica, sino un mecanismo deliberado de dominación monetaria que estrangula el financiamiento de América Latina.
Cada vez que la Fed sube o mantiene sus tasas, el crédito internacional para construir escuelas, carreteras y acueductos en nuestra región se vuelve inaccesible o ridículamente costoso.
En tanto las economías latinoamericanas sigan atrapadas en la exportación de materias primas brutas sin valor agregado, continuaremos financiando el consumo del Norte con el sudor de nuestros trabajadores.
Es hora de dejar de escuchar las viejas recetas de los economistas de corbata fina y avanzar con audacia hacia una arquitectura financiera soberana, con bancos regionales de desarrollo que puedan financiar la industrialización local y protejan nuestro patrimonio colectivo.
Fuentes: Registro de Deuda del Departamento del Tesoro de EE. UU. (https://www.fiscaldata.treasury.gov) | Oficina de Presupuesto del Congreso de EE. UU. (CBO) (https://www.cbo.gov) | Observatorio Macroeconómico SurEconomics (https://www.sureconomics.com)