Editorial

FARMEAR AURA: CUANDO PARECER PODEROSO IMPORTA TANTO COMO SERLO.

Por Pablo Quintero ·

FARMEAR AURA: CUANDO PARECER PODEROSO IMPORTA TANTO COMO SERLO.

Farmear aura se ha convertido en una expresión de la cultura digital para describir la construcción deliberada y casi histriónica de carisma, seguridad, estilo o presencia social frente a una audiencia. En términos simples, es acumular “puntos” de percepción al hacer algo que nos haga parecer interesantes, fuertes o admirables ante los demás. Este concepto nació de la cultura gamer y hoy forma parte del lenguaje de aquellos “hikikomoris” digitales.

La política lleva décadas farmeando aura. Venezuela es un caso revelador en este sentido ya que nuestra historia ha estado marcada por el personalismo, el liderazgo carismático y la construcción de figuras capaces de representar en si mismas una idea de país. La literatura académica ha estudiado precisamente como la política venezolana llegó a concentrar enormes cargas simbólicas en determinados liderazgos y como, en el caso de Hugo Chávez, la percepción de carisma tuvo una relación particularmente fuerte con la identificación política de sus seguidores.

¿Cuánto del poder político reside realmente en la capacidad de gobernar y cuanto en la capacidad de parecer poderoso? Un político puede tener recursos, instituciones y capacidad de decisión, pero carecer de presencia. Otro puede tener recursos limitados y, sin embargo, proyectar una sensación de estabilidad y autoridad capaz de movilizar a miles de personas. El aura no sustituye al poder, pero puede convertirse en uno de sus instrumentos.

Las sociedades no reaccionan únicamente ante programas de gobierno, cifras o propuestas racionales, también reaccionan a símbolos, emociones, narrativas y personas. El líder que consigue encarnar una aspiración colectiva deja de ser simplemente un individuo y comienza a convertirse en un significante político, alguien en quien una parte de la sociedad deposita sus expectativas, frustraciones, esperanzas e incluso su propia identidad. En nuestra región hay ejemplos de ello, Javier Milei, Nayib Bukele, Abelardo de la Espriella, Donald Trump.

Eso ayuda a entender porque el carisma puede sobrevivir a pesar de unos resultados de gestión pueden ser malos o comienzan a deteriorarse. Un estudio sobre Chávez encontró precisamente que la relación dinámica entre percepción de carisma y evaluación de desempeño. El mal desempeño podía erosionar el carisma, pero la persistencia de la percepción carismática también podía influir en la manera en que los ciudadanos evaluaban las condiciones del país. De forma un poco mas simple podemos explicarlo así: primero se construye la percepción y después esa percepción puede comenzar a modificar la realidad que las personas creen estar viendo.

Las redes sociales han llevado esta lógica a otro nivel. El político ya no controla únicamente su discurso o una fotografía oficial. Cada gesto que realiza puede convertirse en contenido: cómo entra a una habitación, cómo responde una pregunta, cómo enfrenta una crisis, qué ropa utiliza, con quién aparece, qué tan tranquilo parece bajo un entorno de presiones y conflicto. La política siempre compite atención y mas en un mundo hiperconectado, veloz y sobresaturado de información real o generada por inteligencia artificial.

El político que intenta desesperadamente demostrar que es fuerte puede terminar pareciendo débil. El que necesita explicar constantemente que es popular o es el “líder” puede transmitir inseguridad. El que busca demostrar autoridad puede terminar evidenciando que necesita ser reconocido como autoridad y todo esto se percibe y se huele como si se tratara de un perfume. En base a esto podríamos decir que eso de “aura” funciona precisamente cuando parece natural.

El verdadero poder comunicacional no consiste solamente en hablar mas fuerte, sino en conseguir que los demás atribuyan espontáneamente determinadas cualidades al líder o dirigente, como lo es la seguridad, capacidad, valentía o inteligencia. En nuestro país, el chavismo convirtió durante años la comunicación presidencial y la figura del líder en elementos centrales de su estrategia política y el estudio de la personalidad era un punto clave para reforzar el vinculo entre el mandatario y sus seguidores. Nada era al azar o improvisado en este sentido. ¿Chávez farmeo aura? Sí y bastante, pero no fue el único.

Las nuevas generaciones están cambiando las reglas del juego. Ya no basta con llenar una plaza, hay que llenar el algoritmo. Ya no es suficiente con tener una fotografía histórica, hay que producir imágenes que puedan convertirse en símbolos, en recuerdos, en narrativas que entren en lo mas profundo de la mente y sean recordadas, modifiquen el pensamiento, dirijan la emoción, influyan en la personalidad y el comportamiento social. “Farmear aura” nos sirve como metáfora para explicar la política contemporánea y esta época agresiva de cambios a gran velocidad.

En política no siempre gana quien tiene mas poder, a veces gana quien consigue que los demás crean que lo tiene. Esta es quizá una de las batallas más importantes en Venezuela, la lucha entre el poder real y el poder escenificado, la lucha entre lideres y personajes, autoridad o apariencia.