Editorial

PETRODÓLARES A LA VISTA: LA VERDADERA PRUEBA DEL ACUERDO PETROLERO EN VENEZUELA

Por Redacción SurEconomics ·

PETRODÓLARES A LA VISTA: LA VERDADERA PRUEBA DEL ACUERDO PETROLERO EN VENEZUELA

El reciente acuerdo petrolero con Estados Unidos, detallado por el portal Bitácora Económica pone sobre la mesa una cifra mareante. Según las estimaciones oficiales presentadas por la administración venezolana y recogidas por el medio, el pacto dejará al Estado venezolano unos 209.335 millones de dólares, calculados sobre un precio estimado de 65 dólares por barril, con una entrada directa de 19 dólares por cada barril producido y vendido. La meta es superar los 1,5 millones de barriles diarios a lo largo de 25 años de explotación en 17 campos estratégicos, bajo un esquema que contempla regalías del 16 % y un impuesto sobre la renta del 34 %.

Reconocemos con franqueza lo que este entendimiento resuelve en lo inmediato. Venezuela carecía del capital masivo y de la capacidad técnica indispensables para rescatar una industria colapsada tras años de sanciones y desinversión. Ninguna economía puede reconstruir sus hospitales, sus escuelas ni su infraestructura social sobre la ruina de su principal fuente de divisas. El flujo de inversión extranjera y la reactivación de ocho bloques nuevos sin desarrollar aportan el oxígeno financiero que el país necesita para salir del coma.

El verdadero peligro, sin embargo, no reside en los barriles que salgan de los pozos, sino en la arquitectura institucional con la que se administren esos recursos. La historia económica latinoamericana y la de la propia Venezuela, nos deja una lección dolorosa. La entrada masiva y repentina de divisas por exportaciones primarias aprecia el tipo de cambio real, abaratando de golpe lo importado frente a lo producido internamente. Es el conocido mal holandés, un mecanismo perverso que destruye la competitividad de la manufactura y del agro nacional. Ya lo vivimos durante el ciclo de altos precios entre 2004 y 2012, cuando el rentismo petrolero hizo más rentable importar alimentos que sembrarlos, dejando al país completamente indefenso ante los choques externos posteriores y abriendo la puerta a una hiperinflación destructiva y a un desplome histórico del producto interno bruto.

Para evitar que este acuerdo repita los errores del pasado, la respuesta no es rechazar la inversión, sino blindar la economía mediante la esterilización de los recursos. Los petrodólares no pueden financiar gasto corriente, importaciones superfluas ni redes clientelares que desaparecen cuando el barril cae. Deben canalizarse estrictamente hacia la formación de capital fijo: la reconstrucción de la red eléctrica nacional, el saneamiento de cuencas hidrográficas, la modernización de puertos, la tecnología agrícola y la educación técnica de las nuevas generaciones. Si sale más barato importar un kilo de tomates que sembrarlo en los Andes, el modelo habrá fracasado antes de consolidarse.

La crítica fundamental no apunta a un gobierno en particular, sino al modelo rentista que lleva setenta años repitiendo la misma receta con administraciones de todos los signos políticos. Sin un cambio en la estructura de gobernanza económica cualquier bonanza es apenas una tregua temporal. Exigimos transparencia radical: que se publiquen de inmediato la curva de producción anual y el destino fiscal de cada dólar ingresado. Sin esa rendición de cuentas verificable, nadie puede juzgar con seriedad si este acuerdo siembra desarrollo o si simplemente financia una nueva ilusión destinada al fracaso.

Imagen generada con inteligencia artificial.